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uando Rafael se levantó esa mañana, ya empezó
mal. Se paró al lado de la cama y cuando se agachó para buscar las zapatillas (que no se acordaba adonde había dejado la noche anterior) escuchó un ruido raro, algo como
GRRRRRRRR.
Enseguida pensó -estoy soñando- y se dio vuelta hacia la ventana. Claro, ustedes se preguntarán por qué miró hacia la ventana. Porque le pareció que el ruido venía de ese lado. Sin embargo, no vio nada.
Volvió a agacharse para buscar las zapatillas debajo de la cama y esta vez escuchó un sonido como: TUlIlIllI. Trató de ponerse de pie rápidamente, pero se habla olvidado que estaba debajo de la cama. Claro.. se golpeó el coco.,. y ahí escuchó otro ruido, el de su cabeza que sonó más o menos como TOING TOING. Dolorido salió arrastrándose y luego miró a su alrededor para detectar el GRRRRRRRR y el TUllllllll. Pero Nada -Bueno, Rafael- se dijo, porque a veces Rafael charlaba con él mismo. Tranquilizate y terminá de vestirte, antes que se te haga tarde para ir a la escuela Y Rafael, que era de lo más obediente consigo mismo, se hizo caso y se vistió rapidito. Cuando fue a buscar un par de medias al cajón de la cómoda, al abrirlo escuchó otro ruido... algo como SCHRECH. ¡Cómo se enojó! Se enojó tanto que se puso a dar saltitos, mientras escuchaba una y otra vez algo como PLIM, PLIM, PLIM... Trató de enojarse más, pero ya no podía porque se había enojado todo lo que podía. Se dijo: -Esta no puede ser, Rafael- Y no era nomás. Se sentó en el piso, en el medio de la habitación, casi llorando. Y entonces escuchaba PLIC, PLIC, PLIC, y ahora si sabía de donde venia el sonido, eran sus lágrimas que golpeaban en el piso.
Entonces le pareció escuchar algo como JA, JA, JA, detrás de la puerta. La abrió rápidamente y se dio cuenta de que quienes habían hecho los sonidos eran sus amigos de la banda de música que lo pasaban a buscar y que habían aprovechado su sueño para hacerle todos estos ruidos y ruiditos. Salieron todos corriendo y Rafael detrás, mientras les tiraba piedritas que hacían CHIS, CHIS, CHIS contra el piso.
José Luis Blanco
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