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naIía se había levantado aquella mañana con una carcajada atravesada. Y eso le traía algunas inconvenientes en la escuela. Por ejemplo, cuando la "Seño" le preguntó quien había sido el libertador de Argentina, Chile y Perú, Analía le contestó: San ja ja ja Mar ja ja ja tín. ¡Cómo se enojó la seño Marcela! Le dijo que era una vergüenza que se riera de los próceres de a patria, de los símbolos nacionales y blá blá, blá, blá y mientras tanto a Analía se le estaban juntando varias carcajadas amontonadas, porque hacia rato que no se reía. De repente empezó a reírse fuerte, fuerte: JA, JA, JA y todos los chicos del grado se contagiaron y dejaron salir sus carcajadas también. ¡Se armó un lío! Porque además de las risas de Analía, había vanas distintas. Algunos se reían coma JE, JE, JE, otros como JI, JI, JI, otros como JO, JO, JO. y hasta hubo algunos más atrevidos que se reían con un JU, JU, JU, que para qué te voy a contar.
Claro, la seño aunque quería seguir retando a Analía y todos los compañeritos, no pudo aguantar y empezó a reírse con una risa finita finita, pero muy cómica. En vez de ji ji era algo como lJ, IJ, IJ. ¡Para qué! Todos los chicos miraban a la maestra y se reían más todavía.
Vino la directora Eduviges con cara de: ¡Qué pasa aquí! Pero cuando abrió la puerta del aula y vió a todos los chicos riéndose junto con la seño, le causó mucha gracia y aunque pensaba que una directora no tiene que reírse de esa manera, sintió que le trepaba por la garganta una enorme carcajada. Y empezó despacito JE, JE, JE, que se fue transformando en JU, JU, JUUUUUUUU. Escuchó Delia, la portera y a pesar del delantal gris y triste que tenía puesto, empezó a reírse y a bailar con el lampazo. Los chicos de los otros grados también empezaron a reírse y reírse. Salieron todos al patio, juntos con los alumnos de la señorita Marcela, la señorita Marcela, la directora Eduviges, la portera Delia y todas las demás maestras.
Cantaron, bailaron y se rieron mucho. Tanto, pero tanto que ese día no se dieron clases en la escuela. Sin embargo, nadie se enojó. Es más, todos se divirtieron tanto que acordaron desde entonces todos los años celebrar el día de la risa y cantar, bailar y reír por lo menos ese día, para que la escuela no sea tan aburrida.
José Luis Blanco
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