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PLIC, PLIC, PLIC... Una gotita de agua se deslizó por la canilla, rebotó en la pileta de la cocina y después se zambulló en el desagüe. Enseguida le siguió otra más grande... pero tan grande que hizo PLOC, PLOC. Y en vez de rebotar y saltar, era tan perezosa que rodó BRUMMMM, BRUMMMM. Se cayó de la pileta de la cocina y empezó a rodar hacia la cama de Sara, que estaba durmiendo Allí empezó a crecer y a crecer. Y tanto creció que la cama de Sara comenzó a flotar, junto con la mesita de luz, las pantuflas, la pelota de colores y la vaca lechera de plástico que le había regalado el tío José. Y Sara no dijo ni MU. Ustedes pensarán: iCómo va a decir MU si no es una vaca.! Y claro... Sigo: Sara no dijo ni MU, ni FU, ni FA, porque seguía durmiendo lo más pancha.
Al rato, como la gota de agua seguía creciendo, empujó la ventana y la abrió, escapándose a toda velocidad con Sara encima. Bueno, con Sara sola no. Atrás la siguieron la mesita de luz, las pantuflas, la pelota de colores y la vaca lechera de plástico que le había regalado el tío José.
Así, durmiendo y durmiendo, Sara navegó durante toda la noche, hasta que empezó a asomarse el sol.
AHUMMMM! Se desperezó Sara cuando sintió el calorcito del sol en la cara y se sentó en la cama para levantarse. Hizo todavía un A más largo para desperezarse del todo y se quiso parar sobre la alfombrita que le había tejido la abuela. ¿Se imaginan? jSí! Se escuchó SPLASSSSSHHHHH, porque Sara se había zambullido sin darse cuenta en la enorme gotaza que la había sacado a pasear. No saben todas las cosas que vio Sara debajo del agua!
Había trompos de colores, ramitas, ranas, pescaditos, estrellas de mar y hasta un hombre-rana que andaba juntando caracoles.
Como Sara estaba un poco distraída le quiso decir Buenos Días al señor y se olvidó que estaba debajo del agua. Y entonces le salió algo así como BUEGWBNOSGLOB DIASHHHGLUP. Pero el hombre-rana le entendió igual porque la saludó con la mano y siguió juntando caracoles. ¡CARACOLES! Pensó Sara y se acordó que hacía mucho que no respiraba. Entonces empezó a nadar rápido rápido para arriba. Y nadaba y nadaba y no llegaba nunca a la superficie. De pronto, apareció a su lado una Tonina que le dijo: -Hola, Sara, Sarita, Sarucha- Sara la miró en verdad un poquito enojada, porque no le gustaba que le dijeran Sarita y menos Sarucha, pero esta tonina tenía una sonrisa tan linda que la perdonó y entonces le dijo HOGLULAGLUPS (que quería decir hola debajo del agua). La Tonina le contó que se llamaba Taty y la invitó a pasear en su lomo. Enseguida Sara aceptó la invitación y Taty empezó a subir a la superficie réquete rápido SUISHHHHHHHH y ¡allí estaban! Salieron a la superficie del mar, cerca de la costa. Sara veía los acantilados, las gaviotas, un montón de ballenas francas que jugaban dando vueltas y vueltas, un
cardume de pejerreyes que saltaban PLASH, PLASH, PLUC. Algunos tiburones que andaban por ahí, con cara de enojados se acercaron gruñendo GRRRR, GRRRR, pero cuando vieron la pelota de colores que tenía Sara, se la pidieron para jugar un partido de water-polo (que es una especie de fútbol en el agua) y empezaron a hacerla rebotar BUMP, BUMP, BUMP. Ahí mismo se organizó un partido con unos lobos marinos que pasaban de casualidad, que le pidieron a Sara que jugara de arquero. Fue un papelón para los tiburones que perdieron 7 a O, pero igual quedaban contentos porque dijeron que nunca habían jugado con una pelota tan hermosa. Y tanto, tanto les gustó que Sara se las regaló para que jugaran un poco más y mordieran un poco menos.
Justo, justo cuando Sara estaba haciendo esquí acuático con un pez espada, escuchó la voz de Mamá que le decía: Sara, te traje la leche. Entonces Sara se dio cuenta que estaba soñando y nadando en la cama. Mamá le dio un beso grandote: CHUICK y Sara se despertó del todo. Se sentó en la cama y le pareció todo tan distinto. ¡Qué sueño tan raro! Se dispuso a tomar el café con leche con tostadas que le había traído Mamá sin convencerse del todo de que había sido un sueño. ¡Y bueh! -Pensó- habrá sido un sueno nomás. Y justo, justo en ese momento vio a la vaca lechera de plástico que le había regalado el tío José, en el piso, cerca de las pantuflas y ¡TODA MOJADA!
José Luis Blanco
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